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el tesoro de otros…

Desde hace meses sigo el ránking de dominios vendidos ofrecido por DNJOURNAL.

Llama la atención la gran importancia que está adquiriendo la compra de dominios mediante empresas como SnapNames.

Resulta curioso como dominios que han sido abandonados por sus anteriores propietarios pueden alcanzar cifras significativas en este submercado. Me hace recordar aquel refrán de que «la basura de unos puede ser un tesoro para otros».

Hace unos meses Carlos Blanco se refería a esta cuestión con un post en el que inteligentemente se preguntaba: ¿Por qué abandonan dominios tan interesantes?

En primer lugar porque parece existir personas que una vez desarrollado un proyecto-web que no ha funcionado, abandonan estos dominios, sin pararse a valorar la importancia que el mismo podría tener para su explotación mediante publicidad por click o en el mercado secundario de compra-venta. Máxime cuando en muchas ocasiones, estos dominios son interesantes ya no sólo por la calidad de su nombre, sino por su posicionamiento en buscadores, número de visitas, etc.

También porque algunos entran en el mercado de dominios pensando que la reventa es inmediata, lo que en la mayoría de las ocasiones no es así. Cuando advierten que nadie se interesa en el corto plazo por su dominio, que incluso han pretendido vender de forma sobrevalorada, los abandonan sin más.

En otros muchos casos la liberalización de los dominios podría proceder de aquellos que buscan una rentabilidad instantánea mediante el sistema PPC (publicidad por click), y ante los bajos niveles de monetización, optan por la no renovación.

Es posible también que en algunos casos, estos buenos dominios hayan podido liberalizarse tras el fallecimiento de su propietario, bien porque sus herederos no conocían la existencia de la cartera o porque no le dieron la importancia que realmente tenía.

Parece por tanto que los motivos y causas de estas «irracionales» liberaciones son diversas.

Hace un tiempo se podían comprar dominios de cierta calidad, sin tener que recurrir a este submercado. Para ello se hace necesario llevar el seguimiento mediante el whois del dominio según los diferentes periodos, y en el momento adecuado, registrarlo manualmente como cualquier otro. De esta manera por ejemplo, registré entorno.net hace unos años.

No obstante, conforme el mercado de dominios madura, cada vez es más difícil adquirir dominios mediante el registro manual. Porque cada vez se ponen más en práctica estos mecanismos para incrementar las posibilidades de registro de los dominios, a pesar del incremento que ello ocasiona sobre el precio. A esto contribuyen las propias compañías más importantes de registro de nombres de dominio, como Godaddy, que han advertido el negocio, y han puesto en marcha plataformas de reventa para aquellos dominios que registrados con ellos, son anulados o no renovados por sus clientes, antes de volverlos a poner en libre circulación.

La consolidación del mercado y el uso de estas herramientas para la captura de dominios, está encareciendo el registro de estos abandonados pero deseados dominios, lo que puede llevar al sector a concentrarse en manos de corporaciones con mayores recursos económicos que se encuentran radicadas sobretodo en EEUU, donde el mismo se encuentra más desarrollado, tal y como advertimos en ocasiones anteriores.

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Otros apuntes sobre valoración de dominios

La valoración económica es una de las cuestiones quizá más debatida y controvertida en relación a los dominios de Internet.

Este asunto llama nuestra atención, por esto ya hemos escrito en ocasiones anteriores sobre ello.

Hace unos días se ha efectuado la venta del dominio On.com por $635,000. En 2005, entre otras llamativas operaciones, se cerró la venta de fish.com por más de un millón de dolares.

En blogdominios.com también hablamos en su momento sobre la venta del dominio sex.com por diez millones de dólares, hasta ahora la mayor cantidad conocida pagada en la historia de este incipiente mercado.

¿Cómo se valora un dominio de Internet? Con sus excepciones, de manera generalizada se están fijando una serie de criterios, que sumados en mayor o menor número, se tienen en cuenta a la hora de determinar el valor de un dominio de Internet, y que son, entre otros, los siguientes:

Nombres genéricos (ejemplo, fish.com ). Porque mejoran el tipeo directo, lo que no significa que se traduzca necesariamente en un PPC más óptimo que otros dominios menos genéricos.

Los dominios .com normalmente suelen considerarse de mayor valor que los .net y resto de dominios mundiales. El .com es el dominio de referencia mundial.

En Dnsystem estiman que un nombre en cualquiera de los dominios mundiales (.net, .info, etc) vale más que el mismo nombre en un dominio de un país específico (por ejemplo, el punto es). En relación a esto tengo mis sinceras dudas. Algunos inversores en nombres de dominios advierten que los punto es pueden llegar a tener más type-in, lo que no he contrastado.

Perspectivas y capacidad económica del sector. Aquí se refiere a que valdrá generalmente más el dominio coches.com que alpargatas.com, dado que el sector económico del automóvil es mucho más dinámico e importante que el otro. En relación a esta cuestión viene a colación el dominio sex.com, al que anteriormente hacíamos referencia. El sexo es uno de los sectores más desarrollados y consolidados de la Red y con mayores perspectivas de crecimiento, lo que indudablemente ha influido en la valoración de este dominio.

Idioma. Generalmente se suele dar mejor valoración a un dominio en inglés que a uno en castellano. En definitiva, se considera que cuanta mayor implantación tenga ese idioma, más valor tendría el dominio en cuestión, dado que su público objetivo es mayor. Tampoco cabe olvidar la importancia de los dominios multilingües.

Longitud de la palabra. Se suele dar mejor valoración a los dominios más cortos. De hecho, la mayoría de combinaciones posibles entre dos y tres letras están registradas y se cotizan bastante bien.

Utilidad para crear subdominios o combinaciones comerciales. Ejemplo, devalencia.com permite crear los subdominios fallas.devalencia.com, hoteles.devalencia.com, etc.

Influye generalmente de manera negativa en la valoración de un dominio la existencia de guiones u otros caracteres confusos. Por ejemplo, se considera mejor el dominio ciudadreal.com que ciudad-real.com.

En este mismo sentido, conforme a esta regla, sería preferible el dominio amados.com a ama2.com, ya que la confusión generada entre la dicción del mismo y la efectiva escritura de la dirección de destino puede generar la pérdida de visitantes en favor del primero que se considera en primera escritura más lógico normalmente.

No obstante, éste como el resto de criterios, tiene sus excepciones, lo que nos hace ver que NO estamos ante reglas irrefutables. Planteemos por ejemplo, el caso de la empresa española de telecomunicaciones Uni2, que tiene la marca Uni2 y el dominio Uni2.es

En base a estos y otros criterios, hay algunos sitios en los que se ofrece un sistema de valoración automática de dominios.

Si a modo de curiosidad queremos utilizar estos mecanismos on-line gratuitos de valoración, hay que ser estricto en la señalización de los criterios que van a ser tenidos en cuenta a la hora de realizar el cálculo y moderado en la consideración de los resultados.

Por otra parte, aclarar que los criterios anteriores (no están quizá todos los que son) no son más que meros criterios generales de valoración. Por tanto, como se ha introducido, caben multitud de excepciones.

Para determinar pues el punto inicial de la negociación en esta difícil tarea de la valoración de los dominios quizá lo más recomendable sea tener en cuenta los criterios fijados -con las puntualizaciones establecidas-, estudiar los precios pagados por dominios similares (lo que es sinceramente complejo) y solicitar una valoración a empresas como Sedo, cuyo resultado nos permitirá emprender el proceso desde un punto tal vez más objetivo, lejos de apasionamientos personales sobre nuestros dominios, cuyos precios (normalmente) sobreestimamos.

Esto anterior sin olvidar una obviedad: que lo más importante a la hora de llevar a buen término una venta es llegar a la cantidad óptima por la que alguien no sólo está dispuesto a vender, sino también, otro a comprar; y ello en base a criterios objetivos, pero también en base a otros subjetivos difícilmente catalogables. En este sentido, considero de nuevo el factor del coleccionismo, al que veo abocado este sector, tal y como ya he comentado en ocasiones anteriores.

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El domainer no solo compra dominios para venderlos

Además de que mucha gente a veces tiende a confundir el domaining con la ciberocupación, que no tienen nada que ver, algunas veces se piensa que el domainer compra dominios con la única finalidad de venderlos.

Pues no siempre es así. Muchos domainers también adquieren dominios para desarrollarlos, convertirlos en activo, o incluso, para coleccionarlos, ya que cada vez es mayor el impacto del coleccionismo en este mercado.

Por tanto, así como me parece erróneo caer en el simplismo de que cuantos más dominios se tienen mejor domainer se es, también me lo parece medir la calidad de un domainer según las ventas que efectúa. También hay que atender a otros factores. El domaining es mucho más.

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Reflexiones sobre el mercado de compra-venta de dominios

Lógicamente no existen reglas irrefutables en el sector de la compraventa de nombres de dominio que permitan determinar en un sentido concluyente y cerrado los criterios que influyen en la valoración de éstos, en cuanto a que el de la compra-venta de dominios, como el resto de sectores, también depende de las reglas económicas establecidas por el propio mercado.

Poco se aclara -o mucho- con la afirmación en este sentido realizada. Pero creo que esto hay que considerarlo en el punto de partida de esta arriesgada reflexión.

El mercado de dominios es limitado y excluyente. Es limitado en el sentido de que aunque existan muchos nombres y combinaciones posibles, los dominios son limitados, lo que lógicamente pudiera afectar, sobre todo en el futuro, al mercado. Pero quizá más importante que lo anterior sea la circunstancia que nos permite afirmar que el mercado de dominios es excluyente. Esto es así porque solo un registrante puede tener un concreto dominio en su Haber. Esta circunstancia -inherente a la propia configuración técnica de los nombres de dominio- sin lugar a dudas, afecta de una manera innegable al mercado en cuestión. Porque si varias personas pudieran registrar a la vez www.viajes.com, el gurú de los dominios Chris Chena, ¿hubiera pagado lo mismo por este dominio? Tal vez no. Ello hace que el propio dominio constituya por sí mismo «marca«. Signo distintivo en Internet irrepetible. Irrepetible al igual que una obra de arte original firmada por su autor.

La evidente relación entre marca y nombres de dominio hizo aparecer el fenómeno de la ciberocupación y la posterior reacción de los propietarios de las marcas «tradicionales» ciberocupadas. Porque un ciberocupa es una persona que sin interés legítimo, registra a sabiendas el dominio de internet relacionado con una marca preexistente con un fin lucrativo y especulativo, en cuanto a que se aprovecha del tráfico y notoriedad generados por la marca-originaria, que por contra, no desea que se constituya una marca-internet paralela a la propia en perjuicio de sus intereses directos e indirectos.

Muchas de las cuestiones hasta este punto planteadas me permiten pensar que el de los dominios de Internet, tiene comportamientos similares a otros mercados relacionados con el coleccionismo.

Efectivamente, en un principio podría considerarse el registro de nombres de dominio desde el punto de vista de su posterior desarrollo mercantil en su sentido más estricto. Esto es, comprar un dominio -con buena fe- para posteriormente venderlo a empresas que lo quieran explotar comercial o publicitariamente como marca o incluso, desarrollarlo directamente su propietario. Por ejemplo, el caso del inversor que registró TERRA.COM y posteriormente lo vendió a una empresa española que pensó desarrollar una marca en base a ese nombre pre-registrado.

Pero este mercado, como ya habíamos indicado, se verá afectado por el fenómeno del coleccionismo. Quiere esto decir que los dominios de internet no sólo se venderán entre empresas o personas físicas para su directa y estricta explotación mercantil, sino también desde su consideración como objetos inmateriales anhelados por coleccionistas (similar al de obras de arte, sellos etc.), con sus particulares -y a veces irracionales- criterios de valoración.

Por supuesto que esta última consideración no hace más que incrementar las perspectivas del sector del registro de dominios. Ya quisieran por ejemplo, los cultivadores de productos perecederos que gran parte de su oferta fuera destinada no solo al mercado en su estricto sentido (venta en mercados, etc), sino también al del coleccionismo. Porque la demanda de esos productos sería mayor, lo que por supuesto, en base a los pricipios básicos de la Economía, afectaría de manera positiva en la determinación de su precio.

Y es que el coleccionismo por sí mismo constituye un importante mercado que repercute de una manera considerable sobre los sectores en los que actúa. Sólo hay que pensar en el volumen de negocio generado en torno a la numismática, filatelia, coleccionismo de vehículos, obras de arte, etc. Por tanto, esta circunstancia supone una realidad que no conviene obviar en el incipiente mercado de los nombres de dominio.

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Primeras reflexiones para romper el hielo

Mi primer dominio lo registré en plena burbuja Internet, en el año 2000. En los portales de subastas genéricas aparecían infinidad de dominios a precios hoy en día escandalosos.

Por aquel entonces pocas empresas españolas ofrecían el servicio de registro de dominios, o por lo menos, en aquel incipiente descubrimiento por mi parte de Internet yo no las conocía.

En inglés conocía por un amigo al gigante Networks Solutions. En castellano no recuerdo como conocí a Nominalia, que me pareció una empresa seria. Fue en ésta en la que registré mis dos primeros dominios. ¿Precio? No lo recuerdo exactamente, pero con toda seguridad más de 10.000 pesetas anuales cada uno de ellos sin gestión de dns!!!, para lo que había que pagar algo más.

De aquellos dominios uno lo mantuve y el otro lo liberé. El primero lo vendí a una empresa homónima un par de años después (nada de ciberocupación). El segundo lo volví a registrar casi tres años después.

Hoy en día, cinco años después, que realmente no es mucho tiempo pero tal y como corren los desarrollos tecnológicos podría decirse que sí, ya existen empresas a decenas que ofrecen el servicio de registro de dominios. Los precios por el registro de dominios se han reducido significativamente. Los trámites se han simplificado, incluso para los territoriales. Algunos ya han visto como algunas empresas poco profesionales les han hecho perder involuntariamente sus dominios. Otros ya se han hecho millonarios por haber tenido en su momento la idea de registrar dominios como viajes.com o business.com Cada cual contará la historia como le haya venido.

Hoy en día, tras conocer varias empresas durante este tiempo, el que suscribe, la mayoría de sus dominios los tiene registrados en www.godaddy.com , mercantil estadounidense que ofrece un servicio muy completo y competitivo: cambio dns, redireccionamientos web y mail, modificación contactos, etc. incluidos en el precio, 7 euros aproximadamente anuales -los .com-.

En fin, resulta que hoy en día registrar dominios en Internet es accesible para la mayoría (menos para aquellos que dependiendo de donde hayan nacido, desgraciadamente, su capacidad económica no les permite ni siquiera soñar). No obstante, también es verdad que para la mayoría de personas es inaudito que alguien tenga un dominio aparentemente inactivo, pagando encima por ello. Pero menos aún que tenga una cartera de dominios. «¿Para qué?. No entiendo.», es la típica respuesta. El tiempo dirá.